“El separatismo zuliano, plan de vuelo i [sic] tragedia aérea (IV)” (*), artículo de Roberto Jiménez Maggiolo, en Aporrea.
Como el objetivo de este blog es, en la medida de lo posible, contrarrestar la propaganda y la guerra mediática de la increíble maquinaria izquierdista en contra de Rumbo Propio, tenemos que comenzar por algún lado.
Pido perdón por comenzar por este artículo; en mi defensa diré que, en principio, me pareció uno de los pocos artículos “serios” dedicados al asunto, dejándome deslumbrar por la retahíla de títulos y conocimientos que el autor posee y se explaya en enumerar (1).
La crítica a Rumbo Propio, aparentemente, consiste en cuatro partes. Aparte de la cuarta (que será objeto de esta crítica, por lo que expongo más adelante), solo he conseguido la segunda parte, la cual consiste en los mas vulgares lugares comunes de la crítica izquierdista contra todo aquel que no comulgue con el credo oficialista. Como de argumentación no tiene prácticamente nada rescatable, no la tomo en cuenta y me concentro en la cuarta parte como queda dicho.
Bien. El texto de Jiménez Maggiolo consiste de cuatro párrafos (aparte de dos citas que encabezan el artículo). El primero, que constituye casi el 30% de todo el texto, está dedicado casi exclusivamente a resaltar la supuesta ignorancia de Néstor Suárez, lo que le da pie a Jiménez para citar un listado de autores que, supone uno, por contraste, él sí conoce a diferencia de Suárez.
Jiménez nos explica que su crítica va dirigida a “una ‘declaración de principios’ del documento mantenido por Rumbo Propio en CEDICE, por Internet”, que se cuida mucho de no enlazar por razones que desconocemos (2). Por lo cual utilizaré, según lo amerite el caso, la declaración de principios que aparece en la página oficial del movimiento (enlace).
En el segundo párrafo, Jiménez afirma que “quien habla de lo que no sabe, es un deshonesto intelectual”, lo cual, por alguna razón, me recuerda aquello de “médico, cúrate a tí mismo”. El núcleo de la crítica es que Rumbo Propio no acepta que es separatista cuando propone “hablar de un Estatuto Autonómico para el Zulia, … [que] establecerá ‘moneda firme, impuestos reducidos y cero deuda pública’, ‘cupones para educación, medicina y seguro de los más pobres’ i el estatuto lo califica de ‘Estatuto o Carta Constitucional del Zulia’, decretando al mismo tiempo, inaplicables y sin valor en la región toda norma contraria a su letra o espíritu (La Constitución Nacional obviamente)”.
Comencemos por el principio. Siendo Venezuela, hasta nuevo aviso, un Estado federal, las regiones tienen facultades legislativas propias. Estas regiones reconocen la autoridad del Estado Central, pero éste debe reconocer las de las regiones. Arbitrariamente, en el pasado, la Asamblea Nacional (AN) “congeló” la discusión de las leyes de Hacienda Pública Estadal y el Consejo Federal de Gobierno (previstas en la Constitución de 1999) por considerarlas figuras “neoliberales”, de acuerdo con el entonces presidente de la AN, Nicolás Maduro (3). De tal manera que la propia Constitución admite facultades amplias para la descentralización. Rumbo Propio (RP) propone la aplicación seria del federalismo hasta sus últimas consecuencias lógicas, y para ello habla en su declaración de principios incluso de una nueva constitución para consagrar esas facultades. (Hasta no llegar a esta etapa, RP habla de desobediencia civil en contra de las “leyes malas”, desobediencia equivalente a los llamados a la abstención electoral de algunos de los hoy dirigentes de la nación, cuando la abstención era un delito plasmado en la Constitución de 1961.)
En todo caso, siguiendo la naturaleza del federalismo leyes regionales, inaplicabilidad de leyes centralistas, “moneda firme”, etc. no son muestras de independentismo o secesionismo. Bastaría ver el caso de las comunidades autonomas españolas o las zonas especiales chinas que, obviamente tienen una jurisdicción distinta al resto de la nación china y no por ello hemos escuchado que el gobierno central chino esté preocupado por la “secesión” de esas zonas especiales.
El resto del segundo párrafo está dedicado a acusar a Suárez y a RP de “oscuros intereses”, y demás parafernalia de la guerra mediática.
El tercer párrafo pasa de la crítica particular a la general. Aquí se ataca al liberalismo “envejecido” apelando a las más burdas falacias. Por ejemplo, se acude al archimanido argumento de la recesión de 1929 (4), y recomienda a Suárez que no solamente recuerde “el fracaso del socialismo soviético, que no fue tal, sino fracaso del capitalismo de estado impuesto por el stalinismo totalitario, debería estudiar un poco más sobre el socialismo, variados i distintos [sic], como existen diversos liberalismos, entre ellos el de Keynes –a la medida de Inglaterra o Francia- o el manchesteriano, el de laissez-faire, laissez-passer“, afirmando, sobre éste último que el laissez-faire, laissez-passer ”sería como dejar circular a los automóviles sin código alguno de circulación, i produciría innumerables los atascos, las obstrucciones, los accidentes etc.”, lo cual demuestra que no solo ignora de dónde viene la frase sino lo que significa. Resultaría demasiado extenso dedicarse a demostar porque cada “argumento” de Jiménez no es tal, sino mera propaganda; de hecho la lista de ejemplos supuestamente contrarios al liberalismo que enumera parecen una oración desbocada; obviamente no van con su respectiva demostración sino que asume que todos sabemos que es así, y punto. Sin embargo, para no quedarme en el mismo nivel “argumentativo”, aparte de la refutación a la tesis oficial sobre la recesión de 1929 (ver más arriba y la nota a pie de página), comentaré la inclusión que hace Jiménez del keynesianismo como una de las corrientes del liberalismo.
El keynesianismo constituye una serie de medidas económicas que supuestamente servirían para “salvar” al capitalismo de su propia destrucción. Estas medidas están profundamente reñidas con los principios económicos liberales más básicos y, como queda visto con el verdadero origen de la crisis de 1929, no hacen más que reforzar los males que pretende solucionar. Al keynesianismo se debe (o a la malinterpretación de sus teorías, dirán sus defensores) males catastróficos como la “estanflación” (crecimento económico nulo con inflación, ¿les suena?), el dinero sin respaldo real, los encajes bancarios (es decir, que circula más dinero del que realmente existe), y un largo etcétera(5). Lo importante es resaltar es que el keynesianismo no es liberal, ya sea por sus principios económicos errados (tanto en la teoría, pero sobretodo en la práctica), ya sea por su naturaleza intervencionista, es decir, anti-liberal.
El párrafo termina remitiéndonos a otras críticas hacia RP, “salpicados de humor sus comentarios”, “en los escrito [sic] en LA Hojilla, firmados por Earle Herrera y Roberto Hernández Montoya”. Sin comentarios.
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(*) Por alguna muy buena razón, el autor se empeña en sustituir la conjunción “y” por la letra “i”, razón que no nos interesa conocer, pero lo hago notar para no colocar [sic] en cada cita donde se haga esa sustitución.
(1) Sin embargo valga la honestidad del autor que escribió un texto titulado “Los estudios i las profesiones no garantizan inteligencia” (archivo PDF).
(2) Una búsqueda por palabras clave remite, circularmente, al propio artículo de Jiménez: Google Search
(3) La “revolución” mira hacia el centralismo.
(4) La crisis bursatil de 1929 estuvo precedida por un intervencionismo estatal gigantesco, especialmente en el área monetaria: “la recién creada Reserva Federal (Fed) expandió la oferta monetaria brutalmente durante la década de los años 20, creándose malas deudas que no eran sostenibles en el tiempo. Así se originó un auge económico, sustentado en las arenas movedizas de la política monetaria expansiva, lo cual generó la conocida burbuja de los activos financieros que pinchó en 1929. Fue en ese año cuando se paralizó la expansión crediticia y las consecuencias de las medidas suicidas de la Fed salieron a la luz, a pesar de que los austriacos Mises y Hayek ya alertaron de los peligros que se avecinaban”. Como puede verse, muy difícilmente puede hablarse de “laissez-faire, laissez-passer”, el intervencionismo estatal fue determinante en esa crisis, como puede verse con la actual crisis que ha devaluado el dólar estadounidense, provocando también el alza de las materias primas.
(5) Para una crítica un poco más amplia del keynesianismo: El País rescata a Keynes.
